El error de tratar a todos igual: no todos necesitan el mismo liderazgo.
Hace unos meses, un gerente me dijo: —“Yo trato a todos por igual. Creo que esa es la mejor manera de ser un buen líder”. La frase sonaba bien. Incluso parecía justa. Pero entonces le hice una pregunta: —“¿Y si tratar a todos igual no significa liderarlos bien?” Se quedó pensando. Porque ahí está uno de los grandes desafíos del liderazgo: confundimos igualdad con efectividad . Imaginemos a dos colaboradores. Carlos acaba de ingresar a la organización. Tiene mucho potencial, pero todavía necesita orientación, seguimiento y claridad sobre lo que se espera de él. María, en cambio, lleva cinco años en la empresa. Es experta en su trabajo, toma decisiones y prácticamente no necesita supervisión. Si el líder utiliza exactamente el mismo estilo con ambos, probablemente tendrá problemas. A Carlos podría darle demasiada autonomía y dejarlo perdido. A María podría controlarla excesivamente y terminar desmotivándola. El problema no está necesariamente en los colaboradores. Está en utilizar...