Trabajaba 12 horas al día… y seguía llegando tarde a todo
Durante meses, Carlos estaba convencido de que su problema era la falta de tiempo. Llegaba a la oficina antes que todos. Se iba cuando prácticamente no quedaba nadie. Respondía correos durante el almuerzo, atendía reuniones una tras otra y, al llegar a casa, todavía revisaba mensajes pendientes. —“No me alcanza el día”, repetía constantemente. Sin embargo, había algo que no podía explicar: trabajaba doce horas al día y seguía llegando tarde a las reuniones, entregando tareas fuera de plazo y sintiendo que siempre tenía algo pendiente. ¿Te resulta familiar? El problema de Carlos no era la cantidad de horas disponibles. Era cómo estaba administrando su atención, sus prioridades y sus compromisos . El mito de estar ocupado Uno de los grandes errores en la administración del tiempo es confundir actividad con productividad . Responder 30 correos no significa necesariamente avanzar en los objetivos. Participar en ocho reuniones no significa haber tomado decisiones importantes. Traba...