Para transformar la organización no
necesita ser caótica
El horario laboral se ha convertido en una carrera de
velocidad constante que nos deja literalmente exhaustos y alrededor de esta
necesidad de velocidad laboral, hemos construido inevitablemente muchos
estereotipos y modelos de referencia que utilizamos para valorar lo que es
eficiente y productivo.
Prácticamente estamos evaluando a las personas mediante
sus comportamientos en base a la ejecución de tareas y la rapidez que demuestra
su productividad, trabajar contra reloj permanentemente permite realizar
juicios prematuros y evaluaciones distorsionadas, normalizar la rapidez en el
trabajo va a ocasionar disgregar al personal que no es eficiente.
Mantener un cambio de forma constante en la organización,
compromete a consumir mucha más energía de la recomendable, forzar los
engranajes y tensionar la cadena de transmisión del mando intermedio, por el
bien de nuestras organizaciones tenemos que aprender a parar, porque una de las
claves de la transformación es controlar la velocidad del cambio, trabajar en
un estado de permanente exceso de revoluciones es necesario en algunas
ocasiones, pero no es sostenible a largo plazo, es importante identificar que
momentos concretos se necesita de verdad acelerar el proceso y que beneficio va
traer a la organización y en que otros momentos se necesita parar.
Para transformar las organizaciones es necesario liderar, sobre todo ahora
que estamos en una incertidumbre absoluta, liderar es también saber en que
momento parar y enseñar a nuestro equipo de trabajo el valor de la pausa, la
calma y la reflexión necesaria.
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